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La inactividad física es la principal responsable de más del 20% de los cánceres, en especial el de mama y el de colon. Numerosos estudios han demostrado como, independientemente de la edad a la que se comience, realizar ejercicio físico de forma regular tiene innumerables beneficios frente al cáncer.

Pero mantener una vida activa no solo es un buen método preventivo, también es recomendable durante el tiempo que dure el tratamiento. Y es que, el ejercicio físico moderado, mejora la recuperación gracias al descenso de los niveles de insulina y a la mejor circulación de las células inmunológicas en la sangre. Además, reduce el riesgo de incidencia y mejora la sensación de bienestar general:

No debes olvidar que es indispensable consultar con tu médico qué rutina es más adecuada para ti. Puede que al principio no puedas realizar ejercicios de fuerza o con alto contenido anaeróbico, pero recuerda que hacer poco siempre es mejor que no hacer nada.

Si no has hecho ejercicio durante algún tiempo, probablemente lo mejor opción sea crear una rutina diaria con actividades de baja intensidad. Lo importante es que te muevas y tomes un poco de aire, no poner a prueba a tu cuerpo. Una buena opción es salir de paseo. Caminar es una de las modalidades con mayores beneficios durante las fases iniciales del tratamiento: tiene una baja sobrecarga de las articulaciones, estimula los músculos de la espalda, cuello y pelvis, permite realizarlo en cualquier lugar sin costes extra… Aunque, si caminar no es para ti, tienes muchas otras opciones: realiza labores de jardinería, baila un poco o juega con los pequeños de la casa.

Cualquier opción es buena siempre que lo hagas de forma regular y escuches a tu cuerpo. Y por supuesto no olvides que para que un hábito sea realmente saludable, lo importante es aprender a disfrutar.

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